La profesión del traductor

Traductor o intérprete son dos profesiones que no están protegidas. Cualquiera que domine, por lo menos, dos idiomas y que no tenga necesariamente la formación correspondiente puede llamarse "traductor" y ofrecer sus servicios en este campo. Sin embargo, hay que tener cuidado con estos traductores aficionados que, generalmente, ofrecen unos precios muy atractivos.

Una traducción o una interpretación es una cuestión de confianza, y si usted confía su buen nombre y su reputación a un traductor aficionado incompetente que ni domina la terminología adecuada ni conoce las realidades culturales de la lengua meta, su buen nombre y su reputación corren peligro. Ya que, en la cultura meta no le entenderán o, lo que es mucho peor, le entenderán mal.

Por ello, preste siempre atención a que el traductor tenga la formación correspondiente y/o cuente con otras cualificaciones (traductor certificado por el Estado, jurado, certificado según una determinada norma). ¿Tiene una especialización determinada o trabaja en todos los campos de especialización? Solo si se está especializado en determinados campos, se pueden dominar por completo, y es esto precisamente lo que hace a un traductor o intérprete ser un experto en este campo.